Y después de la pandemia, ¿qué? Así será la revancha de la moda cuando todo esto pase


Tras un año que lo ha cambiado todo, la industria se prepara para dar un vuelco en el que todo apunta a que abrazaremos el glamour como si no hubiera un mañana

Imaginemos que en febrero de 2020 alguien nos hubiera asegurado que la prenda más importante del año sería un pantalón de chándal. ¿Quién podría haber adivinado las interminables horas que esa humilde prenda nos iba a acompañar? La industria de la moda en sí ha cambiado irrevocablemente en respuesta tanto a la recesión económica como a la cancelación de un calendario de eventos y espectáculos lucrativos: algunas marcas incondicionales de la calle se perdieron, mientras que otras marcas tuvieron que cambiar drásticamente su estética para sobrevivir y ofrecer un repertorio enfocado a los looks de invitada. Y es que en un armario cada vez más polarizado por la fatiga pandémica, las pasarelas proyectan sus anhelos de optimismo a través del maximalismo, que se erige como el antidepresivo sartorial definitivo.

A medida que nuestras libertades sociales se restauran lentamente con el anuncio de la hoja de ruta del gobierno para salir del bloqueo, el mundo de la moda está en ascuas sobre cómo responderán la industria y sus consumidores. ¿Significará esto un giro de 180 grados en lo que la ropa formal supone o solo el comienzo de una revolución sartorial? ¿O volveremos cómodamente a los viejos hábitos a medida que nuestras vidas comiencen a parecerse a algo más cercano a lo normal una vez más?

Como señala la economista Isabella West, fundadora de la plataforma de alquiler de moda Hirestreet: «Todavía hay mucha incertidumbre sobre cómo se verá el comportamiento del consumidor después de una pandemia. Incluso los mejores pronosticadores de tendencias tendrán dificultades para predecir con precisión lo que sucederá después de estos cambios fundamentales de comportamiento».

Lo que sí está claro es que la pauta que parece marcar ese camino nos la han dado los últimos desfiles de otoño/invierno 2021, caracterizados por una oleada de glamour sin precedentes. «Mis clientes quieren ver vestidos. Quieren ver purpurina. Quieren ver tacones. Están listos para vestirse», afirma Jeannie Lee, jefa de compras del departamento de moda femenina en Selfridges. ¿La evidencia? Todo está ahí en las pasarelas. Y Lee cita un vestido de organza naranja ultra glamoroso de Carolina Herrera de la temporada actual, que Selfridges acaba de vender a un cliente VIP. También está todo en las redes sociales. Desde enero, ha aumentado la búsqueda de sujetadores brillantes (+137%), diademas de perlas y plumas (+49%) y metálicos (+43%), según la plataforma global de compras de moda Lyst.

Una armadura poética». Así describió Jonathan Anderson su colección de primavera/verano 2021 para Loewe. Y es que el ejercicio estético que el norirlandés llevó a la práctica fue un auténtico alarde de escapismo con el que pretendía plantar cara a la corriente imperante de desidia y astenia que se había instalado en nuestros armarios como consecuencia de la pandemia. «Tenemos que volver a amar la moda», declaraba. «No sabemos lo que traerá el mañana. ¡Así que disfrutémoslo!»

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Al igual que muchos otros compañeros de la industria esta temporada, Anderson ha comprendido algo vital sobre el papel de la moda en la actualidad: la felicidad que libera cuando nos da algo que no sabíamos que nos estábamos perdiendo pero que reconocemos y adoramos en cuanto lo vemos. Una sensación que había sido desterrada del vocabulario estilístico, víctima de un confinamiento que nos obligó a abrazar la funcionalidad doméstica y que muchos creadores proyectaron en colecciones de tintes minimalistas. Y aunque la reacción es comprensible, huir de la dura realidad mediante la ensoñación es una lección que la historia ya nos ha concedido en varias ocasiones. Así fue tras las crisis de la I Guerra Mundial que desembocó en ‘los locos años 20’ o la venganza del New Look de Dior que siguió al armisticio de 1945. Cansados del chándal, las sudaderas y las deportivas, la industria apela hoy al optimismo con un derroche de excesos: tejidos vaporosos, estampados llamativos y volúmenes imposibles. Todos ellos unidos con la finalidad de inflar nuestro ánimo como si se tratara de organza y tul.

Fantasía fue la palabra clave en el imaginario de Guillaume Henry, director creativo de Patou, la legendaria firma de costura francesa fundada a comienzos del siglo XX. «Quería volver a ese amor por la moda que imperaba cuando tenía nueve años y dibujaba vestidos en mi dormitorio. Nadie hablaba del miedo o la economía. Se trataba de diversión, extravagancia, alegría, entusiasmo. Quería volver a esa exuberancia», explica. Pero que este escapismo no se confunda con frivolidad, ya que nada más lejos, como defiende Michael Halpern: «Necesitamos alegría, fantasía y escapismo, y eso es más cierto que nunca. No le doy la espalda a la realidad, simplemente respondo a ella».

«Las mujeres definitivamente van a querer vestirse bien«, dice el director creativo de Carolina Herrera, Wes Gordon, quien mostró adornos, vestidos y colores brillantes para AW21. »Pero creo que lo que significan las prendas divertidas y las prendas para ocasiones especiales para 2020 y 2021 y más allá es muy diferente de lo que significaron en 2019 y 2018».

La energía optimista está en el aire. «Definitivamente hay un creciente sentido de optimismo para la nueva temporada», dice Natalie Kingham, directora de compras globales de MatchesFashion. «Creo que este verano los consumidores buscarán piezas glamurosas y coloridas, pero con siluetas y patrones más relajados».

FUENTE: MUJERHOY

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